LA PAPA CHILENA

Columnas y Artículos

Es indiscutible su omnipresencia en la vida nutricional de la gastronomía tradicional chilena y en la comida ancestral de nuestros pueblos originarios. La "Apharu" -su nombre nativo- ha penetrado en la jerga y refranes de nuestra cotidianeidad, cruzando generaciones desde antes de nuestra conformación republicana hasta estos días. En Monte Verde, Región de los Ríos, el arqueólogo norteamericano Tom Dillehay, de la universidad de Kentucky, encuentra restos arqueológicos de hace 12.000 mil años aprox., que indican su consumo por comunidades humanas del (Pleistoceno Tardío). Cabe destacar que es el producto agrícola que menos problema da en su producción autárquica; o sea, basta con plantar unos cuantos metros cuadrados para obtener durante una buena parte del año este benévolo tubérculo del huerto familiar.

Ahora su transversalidad geográfica permite ser cultivada desde el Norte al extremo Sur de Chile (dándose en condiciones privilegiadas, desde la provincia de Arauco hacia el Sur); además, genera mayor cantidad de alimento por hectárea que otros sembradíos agrícolas y es considerada dentro de los cuatro cultivos primordiales del mundo, junto al trigo, maíz y arroz. Quién iba a pensar que este producto, iba a realizar un largo periplo por el mundo; desde su lecho andino a Europa, África, Asia y Oceanía, con enriquecidas 7.500 variedades desarrolladas en todo el planeta, de las cuales el 95% proviene de la papa denominada "Purpura Casposa" originaria de Chile; además de las 216 variedades nativas existentes en el país. Ya en el año 1933 el científico ruso Sergei Bukasov, refiere que la papa europea provendría de la zona de Chiloé (pub. "La papa en Europa" U. Austral de Chile). 

Estas múltiples variedades asoman seriamente con ser las que mitiguen el hambre en los países del Tercer Mundo; por su alta propiedad nutricional contenida en el aporte energético, rico en carbohidratos, minimiza la concentración de colesterol y triglicéridos en la sangre, además de disminuir las enfermedades cardiovasculares etc., etc... Las Naciones Unidas, han puesto los ojos en este fruto, para desarrollar y estimular políticas agrícolas tendientes a su propagación. En el caso de Chile se podría incrementar más suelo para su cultivo, ya que el rendimiento promedio es de quince toneladas por hectárea a treinta y cinco con mejores técnicas de cultivo, con una oscilante de 45.000 h en un mal año, llegando a 90.000 h en mejores momentos; en la actualidad contamos con 50.000 hectáreas plantadas (según ODEPA). Tal vez, la productividad por hectárea de los países europeos y asiáticos sea considerablemente mayor que la nuestra; pero ello no es marco de referencia para la compensada disponibilidad en nuestro mercado interno; más aun teniendo en cuenta el no menos importante volumen de papa congelada, que asegura con más firmeza el recurso durante todo el año.

Este producto ha cruzado por usanza todas las clases sociales, siendo en especial accesible por su precio, asegurando de esta manera la base alimenticia de los chilenos más pobres. Pero esta oportunidad nutricional se ha visto en riesgo en los últimos años, con la insensible decisión de hacer que la papa chilena entre al frío juego de la oscilación de precios del mercado de las hortalizas. Inclusive en las mismas ferias libres, que han sido por historia los centros de suministro de verduras más baratos del país.

Se constatan disimuladas alzas injustificadas que impiden gradualmente la carga de este producto para la semana en el carro de la dueña de casa, y para cualquiera que por costumbre y economía haya combinado la papa como base del puchero diario de la familia chilena. Ahora, la refutación de ésta carestía en aumento, se abre diciendo que la papa es uno de los productos que presenta más estabilidad en su producción, por poseer condiciones propicias de clima y suelo, además de presentar las mejores condiciones fitosanitarias del mundo para su cultivo, es oferente en un ritmo de dos temporadas por año, se planta en todo el territorio nacional, por lo que su superficie es lejos mayor que los otros frutos de estaciones más acotadas. Por todas estas consideraciones, es errático compararla con las otras producciones hortícolas que hoy sufren también injustificadas alzas como el tomate en el mercado interno, por tanto: su cultivo en Chile, ocupa el cuarto lugar de importancia, confiriéndole un estatus distintivo que no se puede omitir. Pero los especuladores saben perfectamente de la jerarquía de esta labranza de primera necesidad, subseptible de ser manejada a verdadero antojo; sobre todo, en la creciente e indiscriminada exportación de semillas que encarecerá más aún el recurso, además del nocivo agente "Monsanto" que pretende erosionar genéticamente las especies indígenas de América, manipulación que de esta manera pretenderá superponer su "patente", despojando de sus derechos naturales a la agricultura familiar campesina que abastece a las ferias libres de nuestro país.

Si la papa chilena juega un papel de importancia alimentaria y patrimonial, por consiguiente, deberá ser protegida por la intervención de los entes reguladores del Estado y del Gobierno, para impedir el flagelo de una usura infundada que se ve venir solapadamente. De lo contrario, si no se enfrenta esta realidad, podemos señalar tajantemente que la famosa canasta familiar estaría desapareciendo de la vista de los chilenos y del propio gobierno como su natural marco de referencia. Por lo tanto, se hace urgente desarrollar políticas de protección y de incentivo al pequeño y mediano productor, para que éste no abandone la línea de cultivo tan importante para el hogar chileno. Por lo inmediato, corresponderá estar más atento, ya que el empresariado de espalda ancha, en tanto, (intermediario como supermercadista) se lleva las ganancias a un precio que va desde 4 a 5 veces de lo que se le paga al agricultor. Se auguran jugosos negocios en la exportación a costa de la minimización del consumo local. Y así, como en el negocio de los paking de las frutas, la papa chilena tendrá un lugar en el molo del monopolio de atraque.

Finalmente, se puede decir que jugar con la nutrición cultural de una sociedad, es usurparle el único y, tal vez, el último recurso posible de un alimento digno en la mesa de nuestra población. Permitir este desarraigo nutricional en el marcado periodo de hambruna global, sería desconocer la aflicción que, con creciente énfasis, pega a nivel del pleno estómago de Chile.

Por: Eduardo Robledo P.
Escritor